En el blog de un magnífico fotógrafo (aunque se empeñe en "esconderse") y mejor amigo, el asturiano Juan Plaza, descubro hoy (16/7/2010) esta verdadera joya: un vídeo con la carta que el fotógrafo chileno Sergio Larrain, todo un maestro en un amplio sentido, escribió a su sobrino cuando éste le mostró interés por la fotografía, leída por él mismo (aunque de un modo desastroso; os aconsejo transcribirla para disfrutarla sobre el papel). Difícilmente se puede explicar con más sencillez, más claridad y más profundidad qué es esto de la fotografía, al menos tal como algunos la entendemos, y hacerlo además desde la propia fotografía, a partir de su origen técnico y de la experiencia vital a la que nos lleva. ¡Imponente!
Gracias también a Juan conocí hace tiempo otra web muy interesante, donde poder ver muchos de los trabajos "de encargo" que Walker Evans realizó para la revista Fortune, en la que trabajó durante años.
En fin, que este enlace con mi amigo Juan Plaza, por estos y otros muchos motivos, ya era cosa de justicia.
Photoespaña 2010
Cuenca, la Candelaria y el almendro.
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El día de la Candelaria, el dos de febrero de 2010, andaba yo trabajando por Santa Cruz de Moya, pueblo de Cuenca limítrofe con Valencia y Teruel, que fue centro neurálgico del maquis de Levante. Allí, como en otros pueblos, hay tradición de celebrar esa fiesta encendiendo hogueras al anochecer. Y allí recordé el refrán catalán que dice: "Si la Candelera plora l’hivern esta fora, si la Candelera riu l’hivern es viu". Es decir, que si el día de la Candelaria llueve, el invierno está a punto de terminar, pero si luce el sol, aún queda mucho invierno por delante. Y el día dos de febrero de 2010 hizo sol en toda la península...
Acaso por ello, las yemas del joven almendro del patio de casa, que ya lleva un año con nosotros, resisten como pueden, presagiando una ansiada primavera después de este largo, húmedo y frío invierno.
Hasta primeros de marzo seguí fotografiando en Cuenca para el proyecto "Cuenca en la mirada".
El día de la Candelaria, el dos de febrero de 2010, andaba yo trabajando por Santa Cruz de Moya, pueblo de Cuenca limítrofe con Valencia y Teruel, que fue centro neurálgico del maquis de Levante. Allí, como en otros pueblos, hay tradición de celebrar esa fiesta encendiendo hogueras al anochecer. Y allí recordé el refrán catalán que dice: "Si la Candelera plora l’hivern esta fora, si la Candelera riu l’hivern es viu". Es decir, que si el día de la Candelaria llueve, el invierno está a punto de terminar, pero si luce el sol, aún queda mucho invierno por delante. Y el día dos de febrero de 2010 hizo sol en toda la península...Acaso por ello, las yemas del joven almendro del patio de casa, que ya lleva un año con nosotros, resisten como pueden, presagiando una ansiada primavera después de este largo, húmedo y frío invierno.

4 de marzo de 2010
20 de marzo de 2010, equinoccio
Sobre el World Press Photo
Me han pedido de El País que escribiera algo acerca la imagen de Pietro Masturzo, ganadora del premio World Press Photo de este año (2009). Aquí dejo el enlace de mi breve artículo: Azoteas de esperanza.
Que la nieve sea el mejor presagio para el nuevo año 2010
...se sació de respirar y llenó sus pulmones con el aire de la nieve.
Rafael Sánchez Ferlosio, Alfanhuí
Un cálido y ajetreado otoño
La actividad corre paralela al buen tiempo durante este otoño de 2009. Entre talleres, conferencias, encuentros, etc., los días se pasan volando...
A partir de primeros de diciembre espero un "invierno sereno" (Virgilio dixit), provechoso y no demasiado manso, para fotografiar sin interrupciones para el libro de la serie "Cuenca en la mirada".
A partir de primeros de diciembre espero un "invierno sereno" (Virgilio dixit), provechoso y no demasiado manso, para fotografiar sin interrupciones para el libro de la serie "Cuenca en la mirada".
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Y mientras, seguir alimentando νόστος ("nóstos"), nuestro proyecto más personal, que va avanzando poco a poco (o al menos eso quiero creer...)
PISADAS SONÁMBULAS
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Pisadas sonámbulas: lusofonías es uno de nuestros trabajos más queridos. Desde su presentación en PhotoEspaña en 2001, la exposición ha viajado a distintos lugares. En 2008, con motivo de los V Encuentros de Gijón, aprovechamos para presentar la segunda edición del libro (reeditado también por La Fábrica e impreso por Brizzolis) en un formato ahora más pequeño, acaso más "fotográfico", lo que nos complace muy especialmente.- Azores, en el orígen.
El interés por Portugal y por la literatura portuguesa me llevó, primero, a fotografiar en el país vecino, recorriéndolo de norte a sur, incluidas sus islas. Y allí, en tierras lusas, se fraguó el impulso de continuar el trabajo, siguiendo las huellas de los portugueses por algunos rincones de la tierra, animado por compartir una cierta visión del mundo, tan particular como fascinante. “Desde Portugal se abarca el mundo”, escribio el trasmontano Miguel Torga, y fue este hombre, de vida y obra ejemplares, el que me dio título al libro y la exposición: "Pisadas sonámbulas: lusofonías". Sin duda la misma lengua que a mí me guió (según esa concepción, también tan portuguesa, de hacer de la lengua patria) es la que establece el frágil hilo que quiso coser un imperio que no supo serlo y se desangró sin beneficio.
San Luis de Marañón, Brasil
“Tenemos fiebre de espacio, pero nos basta el espejismo de la realidad. Recorremos el mundo fantasmagóricamente, dejando en él huellas de pisadas sonámbulas.”
"Mi padre solía explicar que lo que habíamos ido a buscar a África no era dinero ni poder sino negros sin dinero y sin poder alguno que nos diesen la ilusión del dinero y del poder.”
Antonio Lobo Antunes (Portugal, 1942)
Antonio Lobo Antunes (Portugal, 1942)
“Pero una cascada es un barranco de agua y tierra cayendo por él, retumbando. Usted consume esa agua, o deshace el barranco ¿queda algo de la cascada? Vivir es un negocio muy peligroso.”
Guimarães Rosa (Brasil, 1908-67)
Guimarães Rosa (Brasil, 1908-67)
“El país que tenían los obligó a viajar, pero nunca los dejó partir. A donde quiera que fueran llevaban su tierra. Su nostalgia nacía de estar lejos de sí mismos. Cuando llegaron aquí traían el dolor de todas las despedidas, como si desembarcasen de sus propias vidas. Todo nuevo paisaje les dolía porque era extraño, pero lo amaban como si amasen otro, el que quedó al otro lado del mar.”
Mía Couto (Mozambique, 1955)
Mía Couto (Mozambique, 1955)
“Mi país es lo que el mar no quiere”
Ruy Belo (Portugal, 1933-78)
Ruy Belo (Portugal, 1933-78)
Magreb-el-Aksa
Marruecos, "fragmentos de lo cotidiano", es en realidad un trabajo en marcha (y un proyecto de libro a partir de una primera versión editada por Altaïr en 2003, en forma de separata de la revista); una especie de cuaderno de viaje que nació en 1991, cargado de imágenes y con algunas páginas aún por rellenar. La exposición, en su camino y en uno de sus distintos formatos, ha recaladoen la ciudad de Cartagena, de la mano de Paco Salinas, dentro de la programación del festival "La Mar de Músicas, 2009".
- Ver además Marruecos/Sicilia.
- Ver además Marruecos/Sicilia.
MARRUECOS, fragmentos de lo cotidiano
"El mundo ha creado grandes soñadores y yo he dejado que mi sueño cree su mundo. Me olvido de las palabras, pero las imágenes que forman permanecen. [...] Gozo del aroma de los fragmentos de lo cotidiano.[...] La palabra 'éxito' me recuerda siempre a una sonrisa forzada y frívola o a un negocio lucrativo engañoso. [...] Me enfrento a la lividez de la vida mezclando colores: amarillo, azul y blanco; y así consigo mi color. Nunca me sedujo la vida de ermitaño. Intento vivir la vida y no me enfrento a sus agresiones. Y casi siempre llego a la orilla deseada cuando me embarco en el momento oportuno." Mohamed Chukri
Desde 1991 siempre he viajado a Marruecos pendiente de gozar el “aroma de los fragmentos de lo cotidiano”, en palabras de Mohamed Chukri, ese escritor que abandonó de niño, con su familia, su aldea en las montañas del Rif para marchar a los suburbios de Tánger huyendo del hambre. Allí aprendió español antes que árabe o francés, porque como era tan pobre y sólo hablaba su lengua natal, un dialecto rifeño ininteligible para los chicos de Tánger, los únicos niños que se acercaban a él en el barrio de Aïn Ktewat eran gitanos de origen andaluz emigrados al norte de Marruecos. Con veinte años aprendió a leer y escribir en una escuela de Larache. Se hizo maestro para escapar de la miseria, y al fin escritor, construyendo su obra a partir de su vida, tan dura como intensa.
Cuando, en la ciudad santa de Chefchaouen (Xauen en la época del protectorado español), en las montañas del Rif, me encontré, en el patio de una casa de vecinos, con una mujer joven y guapa lavando la ropa en un barreño de zinc, refregándola sobre una tabla de lavar, el recuerdo de mi abuela Ana, andaluza, en nuestra vieja casa del barrio madrileño de La Prosperidad, acudió inevitable a mi mente. El recuerdo de sus manos peleando con la colada sobre esa tabla que ella llamaba “refregador”, medio sumergida en un barreño de zinc similar, que además servía, entre otros fines, para mi propio baño de niño en la cocina de nuestra casa.
Nunca he viajado a Marruecos, ni creo que a ningún sitio, atraído por lo exótico. Siempre busco más reconocer que descubrir (el mundo ya está sobradamente descubierto, aunque nos siga resultando tan ininteligible como el primer día, e inundado de coloristas tarjetas postales; dudo que falte alguna por hacer). Se trata de un ejercicio de reconocimiento, “reencuentro” con gentes, paisajes, lugares, pequeños objetos, con los gestos de los humildes, gestos sencillos capaces de crear un mundo; pequeños saberes que constituyen lo que somos, oficios y ritos cotidianos, mitos en trance de extinción... Todo lo que me resulta cercano, porque siento que de algún modo ya lo conocía previamente.
"Me gustaría que el lector se acercase a las páginas que siguen como si se tratase, más que de un libro, de un cuaderno de viaje, el cuaderno de un fotógrafo», escribe José Manuel Navia al comienzo de este recorrido que aúna pasión y sosiego al tiempo y que es el resultado de doce años de visitas a Marruecos. Si cada fotógrafo nos propone una mirada, un acercamiento personal a la realidad, Navia ha sedimentado en estas fotos su visión íntima de un país, huyendo tanto de la ilustración turística como de esa búsqueda exasperada de lo exótico tan frecuente en el planeta fotográfico. Es, sí, el cuaderno de viaje de un fotógrafo, que acompaña muchas de sus instantáneas con citas de autores diversos, para ofrecernos la respiración de un pueblo, de sus gentes y sus paisajes. Un periplo apasionante realizado siempre desde la proximidad, nunca desde la distancia petulante de quien mira al otro sin reconocerse en él." Juan Ignacio García Garzón (“Blanco y Negro Cultural” ABC, 20/12/03)
Desde 1991 siempre he viajado a Marruecos pendiente de gozar el “aroma de los fragmentos de lo cotidiano”, en palabras de Mohamed Chukri, ese escritor que abandonó de niño, con su familia, su aldea en las montañas del Rif para marchar a los suburbios de Tánger huyendo del hambre. Allí aprendió español antes que árabe o francés, porque como era tan pobre y sólo hablaba su lengua natal, un dialecto rifeño ininteligible para los chicos de Tánger, los únicos niños que se acercaban a él en el barrio de Aïn Ktewat eran gitanos de origen andaluz emigrados al norte de Marruecos. Con veinte años aprendió a leer y escribir en una escuela de Larache. Se hizo maestro para escapar de la miseria, y al fin escritor, construyendo su obra a partir de su vida, tan dura como intensa.
Cuando, en la ciudad santa de Chefchaouen (Xauen en la época del protectorado español), en las montañas del Rif, me encontré, en el patio de una casa de vecinos, con una mujer joven y guapa lavando la ropa en un barreño de zinc, refregándola sobre una tabla de lavar, el recuerdo de mi abuela Ana, andaluza, en nuestra vieja casa del barrio madrileño de La Prosperidad, acudió inevitable a mi mente. El recuerdo de sus manos peleando con la colada sobre esa tabla que ella llamaba “refregador”, medio sumergida en un barreño de zinc similar, que además servía, entre otros fines, para mi propio baño de niño en la cocina de nuestra casa.
Nunca he viajado a Marruecos, ni creo que a ningún sitio, atraído por lo exótico. Siempre busco más reconocer que descubrir (el mundo ya está sobradamente descubierto, aunque nos siga resultando tan ininteligible como el primer día, e inundado de coloristas tarjetas postales; dudo que falte alguna por hacer). Se trata de un ejercicio de reconocimiento, “reencuentro” con gentes, paisajes, lugares, pequeños objetos, con los gestos de los humildes, gestos sencillos capaces de crear un mundo; pequeños saberes que constituyen lo que somos, oficios y ritos cotidianos, mitos en trance de extinción... Todo lo que me resulta cercano, porque siento que de algún modo ya lo conocía previamente.
"Me gustaría que el lector se acercase a las páginas que siguen como si se tratase, más que de un libro, de un cuaderno de viaje, el cuaderno de un fotógrafo», escribe José Manuel Navia al comienzo de este recorrido que aúna pasión y sosiego al tiempo y que es el resultado de doce años de visitas a Marruecos. Si cada fotógrafo nos propone una mirada, un acercamiento personal a la realidad, Navia ha sedimentado en estas fotos su visión íntima de un país, huyendo tanto de la ilustración turística como de esa búsqueda exasperada de lo exótico tan frecuente en el planeta fotográfico. Es, sí, el cuaderno de viaje de un fotógrafo, que acompaña muchas de sus instantáneas con citas de autores diversos, para ofrecernos la respiración de un pueblo, de sus gentes y sus paisajes. Un periplo apasionante realizado siempre desde la proximidad, nunca desde la distancia petulante de quien mira al otro sin reconocerse en él." Juan Ignacio García Garzón (“Blanco y Negro Cultural” ABC, 20/12/03)
No lejos de casa, en el verano de 2009
Conocida con el nombre de VÍA NEGRÍN, la línea de tren que unía Santa Cruz de la Zarza con Villacañas, en la provincia de Toledo, fue impulsada por Juan Negrín durante la Guerra Civil con objeto de mantener la comunicación ferroviaria entre Madrid y Valencia, que se había visto interrumpida a raíz de la batalla del Jarama.
Se ideó un trazado en dos tramos: el primero (desmantelado al acabar la guerra) unía Torrejón de Ardoz con Tarancón, en la línea de Cuenca; y el segundo, por Santa Cruz de la Zarza, Villatobas, Corral de Almaguer y Lillo, enlazaba en Villacañas con la línea a Valencia y Alicante por Alcázar de San Juan. Tras la guerra, se decidió mantener en servicio este segundo tramo, por lo que se restauró y fue nuevamente inaugurado el 17 de julio de 1954. Once años después, en noviembre de 1965, la línea fue definitivamente clausurada. Hoy se sigue su trazado con dificultad y su ruina, como tantas otras, solo sirve para alimentar nostalgias.
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